Helado de Fresa

mayo 28th, 2012
Mientras se acuesta en la camilla, intenta pensar en otra cosa. En alguna cosa que la lleve lejos de aquel cuarto tan estéril y limpio de hospital. Mira sus brazos, alguna vez rama de cerezo fuertes; convertidas en ramitas debiles con moretones, una via con un suero que se gasta muy despacito. No es la primera vez que llega a esa misma sala, últimamente se ha repetido muchísimo el escenario. Le es familiar la esperar de su turno en la camilla de la ventana. 
 Su sangre esta gastada, anemia dice en la historia clinica, encerrado en un circulo rojo. Solo por si alguien lo llegara a olvidar. Cada semana llega por una transfusión, aunque la sangre nueva le sienta mejor al menos unos dias. Rodrigo la espera afuera, odia los hospitales, pero no tiene remedio. Alguien tiene que venir y hacerse el fuerte. Aun recuerda el primer desmayo. Fue en algun viaje corto que solian hacer los domingos. Maria Luisa se sintio mal, cayo de espaldas como si hubiera caido en un profundo sueño. Alguna justificación se invento en el camino de regreso. Pero se hacia evidente que tenia que ir pronto al doctor. Pudo disimular un par de meses hasta que Rodrigo la obligo a hacerse todos los exámenes del mundo.
Desde la ventana del hospital, se imagina convertida en pajaro migratorio para viajar sin remedio. Que sus ramas secas se vuelvan alas fuertes, que su tristeza se convierta en aventura, que su amor convertido en viento en contra y su sangre enferma en adrenalina. Pero sabe que tiene que deshacerse de este caparazón que solo le estorba. Hace unas noche se dio cuenta que casi es imposible coger con Rodrigo. Tiene miedo de lastimarla, por lo cual la toca como si fuera de cristal y por mas cuidado que tenga en la mañana salen moretones sin remedio. Igual ella sabe que es darle otro cuerpo, uno con senos de nño y piernas de espaguetti, uno tan débil y blando que se rompería como papel en algún movimiento  Los doctores dicen que el tratamiento no funciona, pero que no hay que dejar de intentarlo. Antes de triste, lo que pasa es aburrida. Acostada en la camilla, Maria Luisa busca consuelo en cerrar los ojos y recordar con el mayor lujo de detalles cuando Rodrigo besaba sus pechos como si fueran helado de fresa. -Pues se me derritieron Rodrigo- le  dice -como si respondiera lo evidente- al enfermero que le cambia la vía. Se ríe de si misma, con la ironía de ver pasar los pájaros tan lejos y no poder seguirlos todavía, aun tiene que despedirse, con lo aburrido que es morirse piensa.
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