Del Bosque

junio 29th, 2012
Ella siente que algo le hace falta. Quizas unas vacaciones lejos de la bestia de concretos que escupe sus huesos cada vez que puede. Reserva un fin de semana, va sola porque es la única manera de pensar claro. Apenas deja las maletas en el living, sale con sus zapatos deportivos con la convicción de correr, caminar y descubrir ese bosque tropical lluvioso.
Camina por un senderito lleno de hojas secas por encima y húmedas  abajo que de alguna forman hacen un alfombra de bosque que se abre como un tapete enrollado cuesta abajo. Las madera de las gradas ha ido sediendo como una amapola podrida. Por eso, las baja con cuidado, al igual que baja las escaleras en una fiesta elegante si va con tacones. La humedad se ha comido la madera sana y tan solo han quedado laberintos de gusanos hambrientos. Tanta lluvia pudre, tanta tristeza también. La vegetación sube por los troncos de los arboles en enredadera, abrazandolos para comerselos de apoco. Ella es una flor de esas extrañas que caminan descalzas por el naciente de agua. Desde hace poco que aconstumbra correr, en cualquier caso eso piensa ella que hace, aunque su paso se vuelva lento en algunos tramos empinados.  Antes le gustaba correr por el asfalto, donde solo se escucharan los pasos sordos de la goma chocando con la superficie, eso era antes y no ahora.
Encontro el senderito de pura casualidad y es una metafora perfecta que dice todo lo que esta pasando. La naturaleza verde que revive con fuerza despues de botar arboles como si se tratara de fichas de domino. Los senderos vivos que se reusan a dejar de crecer, por eso en cuanto pueden tiran ramas, lianas y hojas tropicales. Las mariposas se posan en las espinas, solo para abrir sus alas azules. Es aquella naturaleza verde, que le sube por los tobillos como hormigas negras con sombreros de hojas, mejor que cualquier calmante. Debajo de las sombra de los arboles que llegan a las nubes y de los pajaros que bajan a saludar por amabilidad, camina por el senderito. No era el camino que tenia pensado, como le suelen pasar a todas las flores danzarinas que conozco. 
El verde la impregno como veneno mortal. No puede volver al cemento, no puede caminar otro sendero. No le gusta las personas, solo los arboles. No disfruta de las pantallas táctiles, prefiera ver una naciente de agua. Era tan solo una caminata, pero ella se enamoro y solo quiso seguir caminando… ahora era del bosque.
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