Confianza

octubre 31st, 2012
Me dices tantas cosas y yo no creo ninguna. Te conozco tan bien, que no puedes engañarme ni enredarme con esas historias que se ponen en las muñecas y atan mucho más tiempo del que deberían. Tanta dulzura y galantería no son más que algún reflejo de tiempos mejores, donde yo no solo te amaba si no que te creia profundamente. Algunas veces llegamos al momento de que siento que tenemos que ceder para que el barco no se vaya a flote. Nos alejamos un tiempo, con la excusa de ser mejor amigos. Amigos que duermen juntos. Amigos que no soportar el compromiso y se escudan en ser amigos.
Sin querer volvemos a la normalidad, a tus mismas mentiras lineales y corbatas circulares. Mientras me maquillo las ojeras pienso en nosotros y  el sentimiento de que no es suficiente, de que ya no es suficiente, de que esto ha pasado mil veces y va a pasar mil más. Sin desearlo, la resignación va mejor con las cortinas de la sala. Y yo no creo nada de lo que dices, quiero hacerlo. A mi no me engañas, yo se lo que haces y te dejo hacerlo. Me toca hacerme la desentendida, porque cuando hablamos nada más no nos entendemos. Tu sinceridad es afilar la lengua y apuntar con una pistola de argumentos, cualquier cosa que te diga. Habla menos y diga más. Piensa menos y calla más. Hagamos la pantomina de un falso esfuerzo, lo mínimo para que más. Quieres que me abra el pecho con un cubierto, pero yo soy reservada. Sin que sepas mis sentimientos en estado puro, es más fácil jugarme la carta de ser solo amigos. Amigos que se enredan y no van a ningun lado. Amigos que duermen con otros amigos. Amigos que no se creen ni una letra pero se extrañan. Amigos que no pueden estar juntos, pero no saben estar separados. Amigos que no tienen que definir nada ni dar explicaciones. Esas relaciones de gente grande que hay que ser muy tarados para creer que van a llegar a algún otro lugar que no sea este mierdero.


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