Linda

Febrero 18th, 2013
Mientras llora como una magdalena picando cebolla, sabe que esta vez es la definitiva. Aquella atracción que le daban miles de remolinos en los calzones, no es más que un espejismo. Se enamoro de un príncipe que resulto ser un bruto. Que contradicción verse en las fotos tan juntos y no ser más que dos extraños que pagan la renta. La intimidad no convino nunca con los planes futuros y antes de lo esperado, se fue con la velocidad de un rayo. Raúl se caso con ella porque era tan linda y esperaba secretamente que nunca cambiara. Ella por su parte, espero que el compromiso eterno lo hiciera sentar cabeza. No más enredos absurdos ni miradas extrañas en la caja del supermercado.
Tiene la cualidad de tener control de sus sentimientos, por lo que sabe que esta vez Raúl por mucho ha fallado y tan solo tiene que cortar definitivamente la linea. No es la primera vez que le quiebran el corazón, pero sabe lo desgastante del proceso. Aunque claro Raúl era una promesa con tinte de siempre. En sus alas abiertas, como una gaviota que se sacude el polvo, sabe que mejores tiempos vendrán. Algún día tendría que quedar en evidencia. Entonces se hace claro el porque de la perdida y la imposibilidad de lograr el préstamo de la casa. El amor que aguantaba cualquier cosa, como si fuera la telaraña en la que bailan los elefantes, se rompió con tanta fragilidad que quedamos perplejos. Y ella, aun con el corazón triste y la capa caída, sabia que era mejor que Raúl se marchará cuanto antes. Si los hombres son como las olas del mar, vienen y van.

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