Mar

Febrero 27th, 2013
Algunos días creo que no voy a poder escapar de tu red. Como un pescado que se siente muy a gusto con un anzuelo en la boca. Y es que quien puede entender tu encanto a ciencia cierta, si aún para mi, es cualquier cosa menos sencillo entender tus inesperados cambios de humor.
Me encanta tus besos salados. Como siempre pareces ocupado, vienes y vas mil veces. Tan constante como el sol. Subes y bajas con la misma determinación. En todo el trayecto juegas conmigo como un delfín con una boya. Y yo, solo quiero quedarme acá. Contigo recorriendome como un velero. Subes por mis dedos hasta llegar a mis piernas, quieres pasar con cuidado el remolino de mi ombligo y bordear las montañas pequeñas de mis senos. Entonces nadamos por el mar. Me siento tan libre y tan atrapada, como un marlin negro que corre varios kilometro con el anzuelo sin saberlo. En la libertad de no esperar nada más que una noche, es bella la incertidumbre de tu amor. Me consuela saber que no guardo nada, que esta red no es más que aire y se cae al suelo cuando yo quiera. Solo se que no quiero hacerte daño y que me es indiferente completamente quien marca el paso y quien sigue. No somos merengue ni salsa. Tan solo una posibilidad, mientras nuestras pestañas parecen abanicos españoles, tanta torpeza me parece ternura pura. Mientras tanto el mar nos guarda el secreto y la luna la promesa. Vamos a ver cuanto nos dura el juego le dice a su marinero antes de darle un beso de despedida.
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