Nicotina

Febrero 13th, 2013
Mientras pasan por una lista de temas de conversación más larga que el rio Nilo, sentadas en el borde del caño comparten un cigarro. Magdalena y Ana tienen esa necedad de empeñarse en fumar aún cuando ya esta pasado de moda. Desfilan con honores las historias de amores añejas, las rosas secas que se hicieron polvo, las piñatas de aserrín y los romances de fin de semana.
La complicidad de compartir siempre el vicio las hace confidentes. Magdalena le gusta leer las cartas, aunque no sea más que una baraja de corazones, picas, diamantes y tréboles enredada con romances hipoteticos y signos imposibles de comprobar. Esas dos reinas rojas tienen la ventaja de hablar siempre con la noche de cobija y la calle de sillón. Hace tiempo que son compañeras de turno, desde que Ana perdio el trabajo y tiene cuentas que pagar. Magdalena no conoce otra vida que no sea salir todas las noches, zigzageando con tacones exageradamente altos. Un par de tipos que miran la mercaderia pero no hacen ni siquiera intento por comprar nada. Mientras esperan clientes, una montaña de chingas apagadas engalanan sus pies. Esta noche es diferente porque Magdalena ha adivinado el porque la mala suerte de Ana. Claro ha sido una confusión cósmica de acuario con jupiter.

 Mientras rien sin saber de que, esperan que la nicotina las mantenga despierta un rato más; ni siquiera es medianoche.

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