Ayer

mayo 6th, 2013
Del cinismo de Andrea guindan avalorios pequeños como aretes gitanos en sus orejas. Daba el efecto de ser aquella mujer de pechos pequeños y sonrisa esquiva, muy llena de aceite de coco, puesto que le resbalaba cualquier opinión. Antes de su caparazón de sarcasmo, se consideraba bastante sensiblera y media dulcera, como una empanadita de chiverre con miel. Sin embargo las cosas cambian, la gente se va y viene y Andrea lo de cabrona consagrada le quedo a las mil maravillas.
Ella se acostumbro a no repetir. A olvidar cualquier destello, a no creer ninguna promesa y hacerse experta inventora. Se consideraba una jugadora, aunque era en realidad nadie le interesaba lo suficiente para estar más de 15 minutos en el juego. Toda esa lista de amores fallidos, no era más que un reflejo de que no estaba lista para abrirse. Desfilaron por su colchón amantes izquierdos, derechos y ambidiestros. Todos se despidieron del portón y olvidaron el camino de regreso. Su cinismo era proporcional a la tristeza que tenia por extrañar infinitamente a Rodrigo. Es facil eso de ser una malparida. No se quiere a nadie más por  querer al otro.

En las relaciones amorosas hay dos fases que se suceden casi sin solucion de continuidad: una, en la que despues de las discusiones es mejor reconciliarse de inmediato, ya que al fin y al cabo el reencuentro no puede aplazarse demasiado; y otra en la que conviene aprovechar la primera discusion que se tercie como pretexto para la ruptura, ya que esta es inevitable.

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