Frank

Junio 28th, 2013

Llegas tarde. Después de desembarcar, con la barba de tres semanas y el cuerpo salado de soledad. No te esperaba todavía, que linda sorpresa. Me levantas de un beso. No medias palabra, en la oscuridad de media noche, tan solo adivino que eres tú. Tu olor tan rico, me parecen flores de manzanas verdes con agua de sal. Se siente en toda la casa, con la misma fuerza de un desinfectante de los caros, si no se diluyen en agua.

Nos acurrucamos como ropa sucia, sin saber donde empiezas tu y donde termino yo. Tus brazos son mi almohada favorita mientras que tus labios cuidan mi cuello. De nuestra respiración se hacen olas, que caen sin prisa en nuestra playa. Debajo de las cobijas, con el mar en calma y la noche oscura, hablamos de cualquier cosa mientras nos vamos quedando dormidos. Es dificil recordar que es la excepción y no la regla esto de dormir en nuestra cama. Nos amamos en medio de la calma y la tempestad, como marineros enamorados. Somos seres cíclicos, que suben y bajan mil veces. Con tantas corrientes que nos unen y al mismo tiempo nos separan. La constancia de la marea no sabe de distancias y excusas, yo nada más se que vale la pena, cada vez que llegas, Cierro los ojos para dormir rendida. Será solo dormir, porque soñar contigo por estos días en tierra firme, lo hago con los ojos abiertos.

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