Oído

junio 29th, 2013
Escuchame. Dejame contarte todo lo que ha pasado, para que decidas por ti mismo que hacer. Es muy fácil eso de remendar con una excusa y ganar un par de meses. Pero yo no quiero ganar tiempo ni arreglar esto con cinta adhesiva. Yo no quiero eso, pero te quiero a ti.
Nos susurramos tantas cosas y uno asume, que no se surruran mentiras. No, si de verdad me quieres. Pero nuestras mentiras eran tan claras como un medio día, lo repetiamos viendonos a los ojos, pegando la punta de la nariz, abrazados como sueteres enredados en la secadora. Enamorados de nuestras mentiras y de la compañía, sonaban tan bien, como música clásica. Canciones de tarde que daban ganas de mover los pies para seguir el ritmo. Y yo me enamore de tu tono de voz y de absolutamente todas tus ideas. No era cierto todo, pero siempre tenias mi corazón y mi oido a disposición.
Escuchame. Dame toda la atención. Se que te engañan tus ojos, mi amor la gente miente. No es cierto lo que dicen. Tienes que cerrar los ojos y escuchar de nuevo la música clásica de las mil promesas que nos hicimos al oído. Yo no te falle, si aún te amo como una tonta. Aunque ahora tengas oidos sordos a mis palabras. Entonces con mis manos te hago un corazón y te mando miles de besos, en algún lado esta sonando nuestra canción, la misma melodia y acordes perfectos. La única canción que no termina, si no que se repite mil veces. Anda mi amor  somos nosotros, rescatame de este silencio que se confunde en sirenas de ambulancias y gritos de vendedores porque me haces falta, como una sombrilla en un aguacero. Anda mi amor, amame de nuevo,  cree mis promesas y cierra los ojos, que lo evidente, no es verdad. Entonces duda de lo que vieron sus ojos. Ella le susurra -Te amo… una vez más, nada que hacer. “Pobrecito, siempre le endulza la oreja”
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