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Agosto 19th, 2013
Al comienzo de solo pensarte, se sentia como un abrazo. Me embargaba una alegría de tonta como hormigas subiendo por un caramelo abandonado. Poco faltaba para que mi mandíbula se trabara de tanto mantener la sonrisa. Al fin, alguien entendia mis chistes y  los contaba aún mejores. Ese alguien tenia la sonrisa más increíble que he visto jamás. Eran muchas cosas en común. Todo calzaba sin presión de ningún tipo. Todo fluía como corrientes submarinas del pacifico. Eramos la misma corriente, el mismo cielo abierto. Fuimos mar, fuimos cangrejos, fuimos estrellas, fuimos ola, fuimos palmera, fuimos arena dorada… todo lo que querás imaginarte lo fuimos. Y así como paso, dejo de pasar. Ahora vamos sin la necesidad de anclarnos, solo la decisión de seguir, puedo estar feliz de haber sido parte de esa corriente. De conocerte un poquito y dejar que entraras en mi corazón tan raro y loco.
Pienso en todos los viajes que nunca vamos a hacer. En las millas imaginarias que compramos en oferta, desde la almohada justo antes de dormir.  En todas las calles que no cruzamos y en todos los sueños que se quedaron en planos. Esperando esa persona correcta. Te pareces es cierto y quizás lo fuiste por un tiempo. Lo que nos duro la miel esta bien. Fue lo que Dios quiso, todo el tiempo que nos presto.
Mientras el desamor llega, lo espero con la misma paciencia que el agua para hacer té. Intento cada día que la resignación llegue, que sea suficiente para no mirar atrás ni por curiosidad. Gracias a Dios que nos encontramos, que corrimos millas mar adentro y que fallamos. Pienso en la corriente  submarina y se siente como rayos de sol. Pienso en vos y solo me acuerdo de tu sonrisa. No tengo nada más en mis bolsillos que gratitud infinita por nuestros atardeceres compartidos. Cada comienzo llega del final del otro.
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