Calamar con ajo

Septiembre 2nd, 2013

Manuel Antoni0

Me ciega el deseo de verte. Al menos verte, que importa si no me hablas. Si verte, Carlos Manuel aunque sea de lejos. Si ya se que las cosas no van bien. Hace rato que no van bien. Separados ni juntos, no funciona. Ya no funciona. Nos hemos perdido en la aurora de la mañana, en estas montañas con neblina y silencio donde cuando el sol decide salir  quema. Nos lleva la corriente y estamos ahogados de nadar en contra . Estamos atados a este amor que habito en nosotros y hoy da más vueltas que una botella vacía de fanta colita. Cangrejos tristes que cuentan las olas y me susurran que esta vez será la definitiva. La selva ama al mar en medio de acantilados y suposiciones de fines de semana. Lo ama, aunque pague mal y no cumpla sus promesas.

Esa humedad que nos abraza como una nube y apenas nos da chance de mirarnos solo un momento entre esos silencios infinitos que no me atrevo a romper. Las olas chocan irremediablemente en los bancos de arena. Mientras que mis miedos se vuelven moustrous de agua salada. Estoy tan lejos de la luz, como un calamar gigante jugando escondido. -Saben más de marte que lo que hay en el fondo del mar, Carlos Manuel. Si tu eres un calamar gigante, entonces yo también-Estoy tan ciega y tan sola, aburrida de que tu amor se haya perdido como una guatuza cuando se enamora de la luna. Cuantos secretos Carlos Manuel, te guarde para siempre. Quisiera verte, fuerte y amable como un manzanillo venenoso que se enraiza en las promesas cumplidas. Sin embargo, no echaste raíces, te curaste de un mal amor. Cuando pudiste te fuiste, el mar borro las huellas, la selva me dijo que te dejará ir fácil porque no eras mío. Me quedo aquí, con todas las estrellas por delante, el mar azul desnudo que me consuela como una niña y con certeza absoluta que mi gran amor siempre será Manuel Antonio.

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