Efectivo

octubre 21st, 2013

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En la penumbra de la noche, avanza como una sombra por la pared. La oscuridad es una excusa de la luna para asomarse de buena fe por la ventana. La mesita de noche esta llena de pastillas de dormir, la lampara esta encendida. El olor a lavanda se impregna como agua bendita por la madera.Se sabe la casa de memoria, aunque ya no pase ahí. El silencio abismal no repara en que sean casi las doce. Entra en silencio, sin saber que aunque pasaran mil elefantes, no se levantaría. No esta vez. Acostumbra tomar más pastillas de las cuenta. -Daría cualquier cosa por borrar todas mis faltas y mañana darte la luna de miel de nuevo.- susurra cuando la ve dormida como una piedra. Debajo de la cobijas se dibuja el cuerpo de su amada esposa. Y aunque hace meses no se dirijan la palabra siquiera, los papeles del divorcio no estan solicitados. Parece que lo único que tiene son estas visitas nocturnas, donde el olor a lavanda y las sabanas limpias de su cuarto a media luz, lo aniquilan.

Abrió el armario y busco el joyero. Pocas cosas quedaban, eran más los vacíos que los anillos. Más las promesas rotas que las cadenas y más las mentiras que los dijes. Necesitaba tan solo un poco de efectivo. Si tenía suerte que Emilia en lugar de doble llave a la casa, por piedad o por lástima mantuviera la llave siempre debajo de la maceta. Ya no había vuelta de hoja, le había fallado tantas veces que una más no haría la diferencia. Una raya más al tigre. Emilia, adivinaba cuando su otrora marido, llegaba. Las fotos se movían, quedaban volteadas a la pared. -Aquel viaje donde  nos tomamos la foto con el atardecer más amarillo del mundo. Entonces me abrazaste, yo puse mis manos en tu cuello. Era la felicidad y la bendición mariposas que cruzaban el mar. Esa foto esta cerca del joyero. Para que te acuerdes, como nos quemabamos los pies en la arena blanca. Para que no olvides que nos volvimos delfines en el mar turquesa. Y yo te amaba con locura y con los pies enterrados en arena caliente. Amor debajo del sol, fuimos dos tontos llenos de sal y arena. Quiero que vuelvas y te quedes, por eso dejo la llave en la maceta. –Cuando sientas que ya no puedes, inténtalo una vez más. Le dice la foto, de esos chicos tontos que se abrazan en un atardecer. La vuelve a la pared, no quiere recordar. -Solo ocupa un poco de efectivo.

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