Bar

enero 13th, 2014

bc_b035880b_87023572b7492e5c-postDesde la puerta del bar, pueden cruzar miradas. La cantidad de cerveza hace que no disimule ni un poco cuando por el espejo, lo mira con esa chica. La extraña  que bebe tequila  como un marinero. El sabor de helado del mes, uno nuevo para derretir con todo ese encanto de conquistador venido a menos. Es evidente.  Ella fue el sabor del mes, hace muchos meses atrás. Que ingenua fue, creer que enredarse en las sábanas era puerto seguro para anclar un corazón.

Entonces, lo ignora. Se olvida de la cordialidad y de la pantomima de ser conocidos. Pide más cerveza. Que fría que esta. Casi como el corazón que se disuelve como un cubito dando vueltas. Ese amor tuvo más espuma que malta y más expectativa que cama. Esta dolida, aunque use maquillaje y tenga las pestañas kilométricas. No pueden esconder que en fondo de sus ojos, lo miró.

Desde el fondo y siempre por la derecha, cerca de la ventana, casi como una promesa, Eugenia mira a la calle. Se levanta, casi de puntillas, como si alguien pudiera notar que se le rompió el corazón con la misma fragilidad de un vaso. Hasta hace unos días, aún esperaba poder encontrarlo. Quizás en algún lugar se verían y esa pantomima de ser amigos, daría al menos para  un fin de semana más. Pero esta noche no. Esta noche, el y la chica que ríe alto y bebe tequila como agua, se irán juntos.  Entonces sabe porque esta dolida, porque la sal de sus lágrimas secretas arruina cualquier sorbo de cerveza fría. Lo entiende tres cervezas más adelante. Esta dolida, porque lo siente por él. Ahora si es definitivo, se rompió el hilo y cualquier esperanza se disolvió, poco a poco. La tristeza   es limón y sin querer se vuelve michelada su última cerveza. Al marcharse los enamorados,el tiene que sostener a su nuevo amor, que camina en zic zag. Eugenia sonríe al pensar que el sabor favorito de Eduardo, debe ser ron con pasas.


    Archivos