La última Gaseosa Carbonatada

febrero 14th, 2014

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Una vez me prometiste la luna, varios asteroides y algunos planetas de los pequeños. Y yo me maraville con tu atención, con ese amor de helado de fresa que poco faltaba para ser un milkshake de yogurt. Una noche basto para darme cuenta que estaba completamente loca por ti. Eras la última coca de este y varios desiertos. Tu amor, aunque más simple que una papaya verde era mío y eso en aquel momento era suficiente. Era una flor tan bella que nació en medio de la nada, nunca tuvo raíces ni abono. Solo belleza efímera. -Aprovecha, porque durará poco- como las estrellas fugaces que se entregan y se olvidan en un segundo.

Yo no necesitaba promesas tuyas. Con solo el tono de voz era suficiente. Para firmar todas las negociaciones sin leer siquiera. Yo no necesitaba nada, estaba deslumbrada con tu luz y paciencia. Todo lo que hablamos esa noche se lo llevo la brisa. Las palabras se tomaron de las manos y terminaron por quedar pegadas a las conchas de los cangrejos ermitaños. Este amor bobo que me hace desear tu felicidad por encima de cualquier cosa y que con solo escuchar tu nombre me hace sonrojar en automático. Como me gusta tu sonrisa.- Mientras hablas de cualquier cosa, que poco viene al caso- quisiera besarte. Sentirte como bronceador en mis brazos, gastarte de tanto tocarte. Morderte los labios como un mango maduro y vibrar como un celular en silencio, si tan solo sonríes. Por eso quiero pedirte que cuando te vayas, lo lleves contigo. Todo este amor raro y sin sentido que nació bajo la luna llena, es una sonrisa compartida, un par de olas que revientan en la orilla. Poder secar mi cabello en tu camisa mientras me cuentas otra de esas historias bonitas, abrazados como tontos. Eres la última, aunque haya un millón más…

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