Equis

septiembre 24th, 2014

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Yo te copiaba la tarea, porque siempre fuiste bueno en matemáticas, álgebra y geometría. Tu letra era tan legible y clara que era aún más fácil sacar copias. Yo que siempre ostente sin ningún mérito los cuadernos llenos de dibujos y mensajes secretos, fui salvada varios años por tus apuntes y esa paciencia de monje budista que tenías conmigo justo antes de los exámenes. Entonces tenía que aprender en un par de día lo que nunca me intereso en un par de meses. En verdad que el colegio fue un requisito más y gracias a que me jalaste con las dos manos fue que pude lograrlo. Entonces un día, después de leer todos los resúmenes me robaste un beso. Me asuste. Cambie contigo y te evite. Igual ya era casi bachillerato. Nos saludamos en la graduación y quedo pendiente hablar del beso. Nos hicimos grandes, nos hicimos viejos. Hemos cambiado y no hemos cambiado. Sigo siendo la misma niña del cole enamorada sin saberlo de ti.

Extraño estar contigo en la alfombra copiando materia, mientras intentabas de la manera más dulce y piadosa hacerme entender cual es el verdadero valor de la x. El tiempo paso en un abrir y cerrar de ojos. Queriamos correr pero no sabíamos que los caminos se abrían en laberintos. Los horarios se hicieron estrechos y las excusas abundantes. Hace un mes exacto que me recibiste en tu casa. Estaba el árbol de navidad, la misma alfombra de siempre y el sillón verde musgo que desde hace un par de años era café chocolate. Era una casualidad completa, pasar por tu casa y encontrarte. Cambiamos números, claro, uno de estos días. Como si tuviéramos comprado el tiempo del mundo. Al mes siguiente, cambiaron los planes. Otra vez más me dejaste sin entenderlo. Quiero tener paciencia infinita para perdonarme nunca adivinar contigo el valor de la x.

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