Cuerda

enero 7th, 2015

Tienes que controlarlo. Sube por tus tobillos como una corriente de lluvia. Abraza tus rodillas como una enredadera167a6701753b2ff6869d6ee7647084f7 hasta que sin pensarlo duerme en tus caderas como un pez con la panza llena. Yo quisiera te digo, aún no quiera ni de broma, pero aún así es cortesía eso de decirte siempre lo mismo esperando resultados diferentes. Quisiera mi amor, pero entiendo que todo es un ensayo, un par de proyectiles sin pared de protección. Quisiera pero no es suficiente un deseo vacio para más que una tarde de lluvia. La humedad no es más que una nube que sube a tus ojos de vez en cuando, como un bosque que nace justo en tus hombros y debajo de tu barbilla.

Esta distancia, que al final no es distancia, esta cuerda que se salta para llegar a ningún lado en particular. Como peces locos que pierden la memoria antes de llegar a tocar la arena. Entonces, gloriosa, tranquila, apacible y romántica ella parece más un milagro que una promesa, más una sirena que una cualquiera. Parece cualquier cosa, claro porque lo es. No me interesa las etiquetas ni las promesas a medio concretar. En una corriente azul que se abre en medio del mar, un día a medio día decidiste partir. No puedo controlarlo, perdí el impulso, queme la arena, partí varias botellas y tire al suelo muchas promesas rotas. Te enredaste en la cuerda, te tragaste en anzuelo. Creíste que este rush iba a durar más que un verano, si apenas nos conocimos, como peces que pestañearon sin que signifique otra cosa que batir las pestañas. Tienes que controlarlo, repito sin querer, lo siento, solo los peces muertos nadan con la corriente.


Comments are closed.

    Archivos