Frank

junio 28th, 2013

Llegas tarde. Después de desembarcar, con la barba de tres semanas y el cuerpo salado de soledad. No te esperaba todavía, que linda sorpresa. Me levantas de un beso. No medias palabra, en la oscuridad de media noche, tan solo adivino que eres tú. Tu olor tan rico, me parecen flores de manzanas verdes con agua de sal. Se siente en toda la casa, con la misma fuerza de un desinfectante de los caros, si no se diluyen en agua.

Nos acurrucamos como ropa sucia, sin saber donde empiezas tu y donde termino yo. Tus brazos son mi almohada favorita mientras que tus labios cuidan mi cuello. De nuestra respiración se hacen olas, que caen sin prisa en nuestra playa. Debajo de las cobijas, con el mar en calma y la noche oscura, hablamos de cualquier cosa mientras nos vamos quedando dormidos. Es dificil recordar que es la excepción y no la regla esto de dormir en nuestra cama. Nos amamos en medio de la calma y la tempestad, como marineros enamorados. Somos seres cíclicos, que suben y bajan mil veces. Con tantas corrientes que nos unen y al mismo tiempo nos separan. La constancia de la marea no sabe de distancias y excusas, yo nada más se que vale la pena, cada vez que llegas, Cierro los ojos para dormir rendida. Será solo dormir, porque soñar contigo por estos días en tierra firme, lo hago con los ojos abiertos.

Cuidado con la bicicleta

junio 27th, 2013
Debes tener mucho cuidado. Te lo advierto, tengo en los hombros una colección de amores disueltos y corazones rotos que guardo entre silencios abiertos y preguntas muy puntuales. He fallado muchas veces, he dejado ir buenas oportunidades. Y si me he caido tantas veces seguidas es tan solo el motivo por el cual ahora puedo tener este balance que me deja ir hacia delante. Y que mejor compañera de viaje que ella. Avanzamos como dos locos en bicicleta, aunque hayan colinas o sea una carretera de concreto. Antes de conocer a Catalina, estaba casi bastante seguro que las relaciones no funcionaban más que para un par de fines de semana.Su encanto derrite mantequilla sin proponerselo e ilumina cualquier noche como un bombillo de 75 walts. Facilmente puede sonreír como un ramo de rosas abiertas o escuchar por horas con la misma paciencia de un par de audífonos. Quizás es el tiempo que hemos recorrido o sus manos que modelan mis actitudes. Su amor saca lo mejor de mi y yo nada más no quiero volver, no quiero dejar, no quiero fallar. Somos dos arboles que unieron sus raices hace mucho tiempo y ahora solo estamos en el mismo lugar, donde tenias que estar. Al menos por el momento. La advertencia no es para ella, si no para mis malas mañas y el miedo que se burla de mi cara de tonto, de esos tontos que compran flores y firman largas dedicatorias. Porque Catalina se merece todo mi cariño y bondad en todo el trayecto que Dios nos deje avanzar en nuestras respectivas bicicletas.
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